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Antes Del Atardecer Háganlo Antes Del Atardecer…

Este artículo también está disponible en: Inglés, Portugués, Brasil

Por Eric Faria

Traducido por Jamal Fox

Hace poco me di cuenta de algo: todas las personas están exactamente donde deberían estar en sus viajes de la vida. En mi vida personal yo desempeñe, durante mucho tiempo, el papel de “niño perfecto”, aquel que debía complacer a los demás, y agradar a toda costa. Yo era muy bueno en eso: me suprimí a mí mismo a cambio del cariño percibido de los demás.

No soy una víctima. Yo simplemente me permití, toleré e invité a las personas a tratarme de esa manera. No sabía que se había convertido en un patrón, en mi patología. Yo era adicto a la historia del “niño indigno abandonado.” Realmente fue la droga que elegí. Cuanto más adentro me metía, más difícil era ver la luz, una forma de salir de aquel círculo vicioso. ¿Qué estaba haciendo mal? ¿Por qué no le agradaba a la gente? ¿Por qué no se quedaban? Yo era tan bueno, tan amable, tan “perfecto”…

Eso era exactamente el problema. Al querer complacer a todos los demás, me olvidé de la persona más importante en mi vida: YO.

Mi punto de inflexión personal fue doble: primero, curar a aquel niño que pensó que fue abandonado por su padre a sus cinco años y que repite esa historia una y otra vez. Mi padre no me dejó físicamente, pero me dejó emocionalmente. No sabía hacer otra cosa. Él hizo lo mejor que pudo dado su conocimiento. Una vez que me enteré de esto tuve que perdonarme a mí mismo y recoger mi propio ser de cinco años de aquel lado de la calle de soledad y desesperación, donde lo había dejado.

Luego, he aprendido a aceptar a mi autenticidad. Ya que no tenía que ser un adulto que dejó de ver desde la perspectiva de un niño herido, llegar a saber quién soy en realidad se convirtió en una pregunta que digna de mí – confrontándome y gratificándome al mismo tiempo. ¿Cuántas personas van por la vida sin tener ningún sentido de quienes “realmente” son, sin siquiera cuestionar por qué hacen las cosas que hacen o ¿hacerse algún tipo de auto-evaluación? Sé que yo era parte de los muertos vivientes durante mucho tiempo.

Una vez leí una cita que decía: “Lo opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia.” Admiro a la gente que se destaca en lugar de quedarse en un limbo donde se domina la indiferencia. Nuestra mediocridad no nos sirve a nosotros, o al mundo, para nada.

A veces me pregunto por qué sigo buscando y cavando más profundo. Después de todo, no es cómodo. Los colapsos ocurren. El dolor se vuelve (muy) real a veces. Entonces, recuerdo que yo no debo hacerlo. Para nada. Puedo seguir haciendo lo de siempre. Sin embargo, estoy dispuesto a hacerlo porque me acuerdo de lo muy limitante y limitado que fue mi existencia hace poco. Lo hago por mí, lo hago por mis seres queridos, lo hago para impactar a las comunidades donde pertenezco, lo hago para poder tener un efecto dominó positivo en mi barrio, en mi ciudad, en el mundo.

La gente va a criticar que no importa qué. La gente infeliz está infeliz con ellos mismos. Libérense a sí mismos de su prisión mental y dejen que su luz brille.

Háganlo antes del atardecer.

Eric Faria es un Entrenador de Vida y Carreras Profesionales, enfocado en la inteligencia emocional. Él ha estado haciendo entrenamientos de auto-desarrollo desde el 2005, utilizando estas herramientas en su entrenamiento profesional. Él se graduó de un programa de ICF (International Coach Federation) en enero de 2014. Faria vive en Connecticut, y además de trabajar con clientes privados, da conferencias y graba videos motivacionales. Para más información, o para comunicarse con él, envíe un email a EricFaria11@gmail.com.

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