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Brasil en la Encrucijada de la Corrupción

Este artículo también está disponible en: Inglés, Portugués, Brasil

Por Celia Bacelar Palmares

 

A principios de marzo, millones de brasileños salieron a las calles protestando contra el gobierno en todo el país. Muchos de ellos se envolvieron con la bandera brasileña, pintaron sus caras de verde y amarillo, y exigieron que “nuestro país les sea devuelto.”

También pidieron la destitución de la presidente, Dilma Rousseff, la detención del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva y un fin a la corrupción.

La economía de Brasil está atravesando su peor recesión en más de tres décadas. En 2015, la economía se contrajo en un 3,8 por ciento, su peor rendimiento anual desde 1981. La inflación alcanzó el 10,7 por ciento a finales del año pasado, un máximo de 12 años. El desempleo aumentó a un 9 por ciento en 2015 y los economistas predicen que podría llegar a cifras dobles en los próximos meses.

La moneda brasileña perdió un tercio de su valor frente al dólar en 2015 y su valor se redujo de nuevo luego de las masivas protestas del 13 de marzo.

Uno de los principales reclamos de los manifestantes que salieron a las calles el 13 de marzo fue el alto nivel de corrupción, que ha logrado infiltrarse en lo más alto del poder político en Brasil.

Desde que el Partido de los Trabajadores llegó al poder en 2003, hubo una serie de escándalos de corrupción involucrando a los políticos del partido de gobierno, así como los partidos de la oposición. Los dos más grandes son:

Mensalão: Nombre otorgado a un esquema de corrupción en la cual se usaron ilegalmente fondos públicos para pagar a los miembros del Congreso por apoyar al gobierno en votos cruciales. El escándalo estalló por primera vez en 2005. Hasta que la Corte Suprema concluyera su juicio en 2012, 25 políticos, banqueros y propietarios de negocios habían sido condenados, algunos de los cuales eran miembros principales del Partido de los Trabajadores.

Operación Lavado de Autos: Nombre dado a una investigación iniciada en marzo de 2014 con alegaciones de que las empresas de construcción más grandes de Brasil cobraron excesivamente a la petrolera estatal Petrobras en sus contratos de construcción. Parte de este dinero luego sería entregado a los ejecutivos de Petrobras y políticos involucrados en el acuerdo. Los fiscales alegan que el Partido de los Trabajadores financió parte sus campañas y gastos usando estas comisiones.

Los índices de aprobación de la presidente Dilma Rousseff se hundieron desde que ganó la reelección presidencial en octubre de 2014 por un estrecho margen. Según una encuesta de Datafolha publicada el 28 de febrero, apenas el 11 por ciento de los encuestados en todo el país dijeron que la labor de la presidente era “buena o excelente.” Rousseff fue presidente de la junta de Petrobras entre 2003-2010.

El ex presidente Lula y mentor de Rousseff, que gobernó el país durante ocho años desde 2003 y fue uno de los políticos más populares de Brasil, fue detenido brevemente el 4 de marzo como parte de la Operación Lavado de Autos.

Lula fue acusado de recibir “beneficios ilícitos” por las comisiones ilegales en la conspiración de Petrobras. Los fiscales presentaron cargos de lavado de dinero en contra de Lula. El juez federal Sergio Moro ahora tendrá que decidir si acepta los cargos.

La presidente Rousseff ha ofrecido a Lula el puesto de jefe de personal, que lo protege de la investigación del juez Moro. Bajo la ley brasileña, los miembros del gabinete sólo pueden ser juzgados por el Tribunal Supremo, no por un juez federal. Lula ha insinuado que estaría dispuesto postularse a la presidencia el 2018.

Recientemente, el juez Moro hizo pública una conversación telefónica grabada entre el presidente Rousseff y Lula, que algunos interpretaron como prueba de que Lula fue otorgado el cargo de jefe de personal para protegerlo de la prosecución.

Moro debe seguir echando luz a toda la oscura corrupción que ha caído sobre Brasil durante décadas. Moro está levantando el velo del engaño no sólo del Partido de los Trabajadores, sino también de la política brasileña en general.

Al tener doble nacionalidad, yo no puedo dejar de contrastar lo que está sucediendo en el gobierno de Brasil con toda su corrupción de alto nivel y lo que vivo aquí en los Estados Unidos. Si bien Estados Unidos no es perfecto, el nivel de respeto que el gobierno tiene por la voluntad de la gente no es tan brutalmente y explícitamente violada como en Brasil.

¿Cuál es la respuesta para Brasil? ¿Cómo se puede detener esta locura? Desde mi punto de vista, tal como comenzó todo terminará todo: con un voto. Los votantes brasileños deben ser más conscientes del poder de comodidad en sus manos. No deben reelegir a aquellos que han sido previamente investigados o procesados por corrupción. Deben pensar en los efectos a largo plazo que su decisión tendrá en el país, no sólo los resultados a corto plazo que tendrá en sus vidas en un ciclo de campaña, donde sus votos pueden ser comprados con unos cuantos reales brasileños, poniendo en peligro el futuro de una nación durante generaciones venideras.

 

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