Una Copa al Día… ¿O un Escape que se Repite?
Lo que empieza como una costumbre puede convertirse en un problema.
Una copa para relajarse después del trabajo, otra en la reunión con amigos, una más para dormir mejor, una cerveza para aliviar el calor y el cansancio —lo que parece normal puede esconder una dependencia silenciosa. El consumo de alcohol está profundamente normalizado en la cultura, pero eso no significa que sea inofensivo.
En Connecticut, según los datos de Connecticut BRFSS 2023 (Departamento de Salud Pública de Connecticut) y del Connecticut School Health Survey (YRBS) 2023, se evidencia un consumo excesivo en 16.2% de los adultos (hombres 19.1% vs. mujeres 13.5%). Entre los adolescentes, el consumo actual de alcohol alcanza el 21.1% (hombres 17.6% vs. mujeres 24.5%). En contextos migrantes o socialmente vulnerables, el uso del alcohol muchas veces cumple una función emocional: calmar la ansiedad, el insomnio, la tristeza o la soledad.
Estas estadísticas refuerzan la necesidad de mantener y ampliar los esfuerzos de prevención y educación sobre el consumo de alcohol, especialmente entre los jóvenes y las poblaciones vulnerables. Lo que empieza como una costumbre puede convertirse en un problema. Entre los signos y síntomas más comunes se encuentran:
- Signos físicos: temblores, sudoración excesiva, náuseas, vómitos, pérdida de apetito y, en casos graves, daño hepático. Estos síntomas pueden indicar dependencia física del alcohol, donde el cuerpo comienza a necesitarlo para funcionar normalmente.
- Síntomas psicológicos: ansiedad, depresión, cambios de humor, irritabilidad, y en algunos casos, alucinaciones. El alcohol puede alterar los neurotransmisores en el cerebro, lo que puede llevar a estos síntomas psicológicos. La dependencia psicológica puede ser tan fuerte como la física, haciendo que la persona sienta que necesita beber para enfrentar el día a día.
- Problemas sociales: conflictos familiares, problemas en el trabajo, aislamiento social, y dificultades económicas. El consumo excesivo de alcohol puede afectar las relaciones personales y profesionales, llevando a discusiones, ausencias laborales y, en casos extremos, la pérdida del empleo. El aislamiento social puede ser tanto una causa como una consecuencia del consumo excesivo de alcohol, creando un círculo vicioso difícil de romper.
El consumo de alcohol no solo afecta a la persona que bebe, sino que también tiene un impacto significativo en su entorno familiar, especialmente en los hijos. Los niños son observadores atentos y aprenden comportamientos y actitudes de los adultos que los rodean. Cuando ven a sus padres o cuidadores recurrir al alcohol como una forma de lidiar con el estrés, la ansiedad o las emociones negativas, pueden internalizar la idea de que el alcohol es una solución aceptable para enfrentar los desafíos de la vida.
Es posible salir de ese círculo, con ayuda, sin culpa, con respeto. Buscar ayuda profesional, como terapeutas o grupos de apoyo, puede ser un primer paso crucial para aquellos que luchan con el consumo de alcohol. La educación y la concienciación también desempeñan un papel importante en la prevención y el tratamiento del abuso de alcohol.
Milton Capón Bermeo es psicólogo clínico con 18 años de experiencia en Ecuador en las áreas de atención clínica, salud pública y política social; estudiante de la clase PLTI Danbury 2024 y cofundador de la Comunidad Migrante ABYA YALA. Para contactarlo, llame al (203) 809-0603.